Porque lo bello de todo esto es que la política no pudo terminar con la fiesta máxima que tiene la ciudad. Los recursos económicos fueron escasos. Los materiales que se salvaron y rescataron del saqueo del fin de una gestión se acomodaron de una manera eficiente. Los malos augurios se dejaron de lado y con lo que se contaba, sin derroches innecesarios, se vivió en Villa Ángela una fiesta austera, pero que demostró que la gente quiere y acompaña este evento.

El intendente Papp se comprometió a no malgastar ni un peso de los villangelenses. Se mantuvo firme a las presiones de todas las comparsas, comparseros, dirigentes de las mismas, políticos resentidos y comerciantes. Mantuvo su postura de que la fiesta debía generar recursos, no succionarlos del erario público municipal.

Finalmente dos comparsas nada más se presentaron. Las tradicionales se hundieron en sus mesquindades y egocentrismos y dejaron a toda su gente sin poder recorrer las calles esos pocos días de enero y febrero en que la ciudad se viste con traje de fiesta. Ya no importa, ya fue. Todo salió como debía salir y mejor aún.

Lo único que resta esperar es que haya un superábit de fondos (ganancia) y el círculo quedaría cerrado. El fondo se ha tocado y varias conclusiones positivas seguramente se van a sacar, por lo que en los próximos años los carnavales de Villa Ángela van a tener sin dudas un crecimiento, solamente resta saber cuál es el techo.

Para los que no pudieron asistir les dejamos un resumen de las dos comparsas mayores que compitieron. Demás está decir que la ganadora fue Samberos de Ita Bera.

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