Opinión de Adrián Vélez, referente del Partido Obrero

Una caravana de autos y motos, guiados por el cura local, realizaron una procesión por las calles de Villa Ángela, Chaco, violando la cuarentena. La misma era guiada por una traffic, donde el párroco bendecía a las personas que se acercaban mientras una cantante arengaba el recorrido. Se pasearon por toda la ciudad – la ruta incluía todas las capillas católicas- custodiados por una patrulla de la policía provincial.

La imagen, un absurdo propio de la comedia “Esperando la carroza”, demuestra el entrelazamiento oscurantista entre los órganos gubernamentales y la Iglesia, que ofrecen bendiciones en vez de soluciones a la crisis que se vive. En la ciudad es notorio cómo muchas personas han tenido que volver a realizar sus actividades diarias por 
la falta de recursos que genera la parálisis económica. Un acto como este alienta a romper la cuarentena, creando un peligro sanitario, en una ciudad donde hay casos sospechosos de coronavirus y en donde las enfermeras del hospital denunciaron que carecen de insumos para enfrentar la pandemia.

En Chaco, ya hubo situaciones de privilegio donde se observó la violación de la cuarentena y que contienen un marcado carácter arbitrario, empezando por Capitanich que realizó el acto por el día de la memoria, fiestas de hijos del poder en Machagai y un cura en Charata que se negaba a suspender la misa. Todos hechos que demuestran que reina un régimen de privilegios de la mano del poder y la Iglesia.

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