03-01-2013- Ante la ola de secuestros virtuales que en estos días azotan la ciudad, de los cuales mucha información precisa escasea, VillaAngelaHoy se acercó a charlar con una de las personas damnificadas. Desde la policía solo atinan a pedir a la comunidad que al ser parte de este tipo de hechos que “se comuniquen inmediatamente con ellos”. Sin embargo, en medio de la situación, no hay mucho tiempo para pensar y actuar en frio. También hay otros que recomiendan cortar el llamado con el delincuente para intentar contactarse rápidamente con el –hasta el momento – “supuesto secuestrado”.

Una joven profesional que tiene su comercio en pleno centro y que de pronto se vio envuelta en una situación para lo cual nadie se encuentra preparado relata el desafortunado episodio vivido. En este tipo de historias, los delincuentes que están al otro lado del teléfono son los únicos que saben perfectamente lo que hacen y por si fuera poco manejan muy buena información.  La odisea comenzó con un llamado al teléfono fijo de su comercio, donde los delincuentes se hacían pasar por policías informándole de un accidente de tránsito múltiple, de 4 vehículos, donde estaría involucrado su marido. Los malvivientes le van mencionando marcas de vehículos, entre ellos un Volkswagen. La víctima confirma que este último era el auto de su marido. Los delincuentes se prenden de este dato y comienzan el trabajo psicológico, de hacer entrar en pánico a su interlocutor del otro lado de la línea. Así le confirman que su marido había tenido un accidente y comienza el trabajo para el cual habían llamado: Extorsión para obtener dinero fácil. Una vez que obtienen otros datos en la conversación, informan que en realidad su esposo había sido confundido con un traficante del rubro de su negocio, por lo cual estaba secuestrado, pero que estaba bien. La víctima, en la confusión todavía pensando que se trataba de policías, en una mezcla con el accidente, pide hablar con su marido a lo cual, los delincuentes acceden. Supuestamente toma el teléfono su esposo y habla con la profesional donde le confirma que está bien. El sujeto, supuesto esposo hablo con nerviosismo y llanto, bien actuado, lo que convenció a la persona que sería estafada. Entre las pocas palabras que dijo, le pidió “que haga caso de todo lo que le piden”. Rápidamente el teléfono es tomado por el primer interlocutor, quien le pide un determinado monto de dinero, sino  su marido seria boleta, a lo que la profesional comunica que no contaba con esa suma. Inmediatamente le preguntaron ¿de cuánto dinero dispone en el negocio? que lo tome y haga un depósito, para lo cual la hacen llamar a un número celular con característica de Bs. As, al cual llama. De esta manera los malvivientes ya la tenían enganchada en los dos teléfonos, el fijo y celular. Cuenta la señora muy asustada todavía por lo ocurrido, que en un momento se corta la llamada del celular, no sabe el motivo, pero los delincuentes llaman nuevamente bajo amenaza de que si le vuelve a cortar el teléfono no se comunican más y su marido sería “boleta”. Así con el celular en el oído, la joven desesperada emprende un recorrido por las calles de ciudad, rumbo al correo para hacer la transferencia. Cuanto sale en su auto de su comercio, los delincuentes le dicen “cuidado, anda más despacio que si no se van a dar cuenta”, intimidándola como que si/o si la estuvieran observando, siguiendo. Al llegar al correo, los empleados le manifiestan que el sistema no funciona. Por lo que el delincuente sin cortar y escuchando todo lo que sucedía le dice que se dirija a un Pago Fácil.  Relata la mujer que en su desesperación ingresa a un Rapipago, donde le informan que no hace ese tipo de transacciones. Luego se acerca hasta un local céntrico donde antes de realizar el depósito, pide nuevamente hablar con su esposo, a lo que el delincuente accede. Al hacerlo le pide que le diga su número de DNI, en ese momento toma el teléfono el otro delincuente la intimida nuevamente diciéndole “que si nos vas a apretar así cortamos y listo.” De esta manera entra al local comercial donde mediante esquelitas que iba escribiendo trataba de informar a los empleados que se comunicaran con el celular de su marido a ver si eran atendidos o no para tratar de confirmar el secuestro. Hasta que finalmente uno de los empleados entendieron la situación y comenzaron a llamar al celular del supuesto secuestrado; luego de dos intentos fallidos, cuando la desesperación se hacía cada vez más grande, en un tercer intento el marido de la señora atiende y confirma que está perfectamente bien. En ese momento la mujer le da el celular a otro hombre que estaba en el local, se hace pasar por su hijo y finalmente no realizó el depósito. A los pocos minutos su esposo llegó a la ciudad. Aunque no hizo el depósito del dinero, la mujer llegó a cargarle crédito al celular de los delincuentes ya que amenazaban que si se cortaba no llamaban más. Finalmente en este hecho no se llego a concretar la estafa, aunque hay varios casos en la ciudad y la zona donde los delincuentes lograron su cometido. Esta historia simplemente pretende mostrar los pormenores de esta situación que le puede a tocar a cualquier ciudadano.

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