08-02-2013-En Villa Ángela, desde no hace mucho el tatuaje estético se hizo, por así decirlo, una moda. Existen muchas personas que se animan a tatuar a otras, pero la cultura del tatuaje en Villa Ángela viene de larga data. Tal vez no haya comenzado con Martín Ortega (Cuchani), pero es uno de los precursores del “escracho” (como muchos le dicen al tatoo).

En sus palabras, el comienzo de esta actividad viene “Desde los 16. En realidad era caricaturista, comencé a hacer caricaturas en el colegio. No era caricaturista profesional pero me gustaba, andaba todo el día haciendo eso. Los dibujaba a mis compañeros, a los profesores y así entré al mundo del dibujo”.

Pero todo no quedó ahí, “Después me fui a Córdoba en el año 90 o 91 y ahí conocí a verdaderos artistas. Yo creí, cuando estaba acá, que era buen dibujante. Pero cuando fui para allá me quería matar porque no me salía como a ellos, miré cómo hacían y me puse a practicar pero no me salía nada. Hasta que hablé con un viejo (había muchos dibujantes en la peatonal del Centro de la Capital de Córdoba: caricaturistas, retratistas…), le pregunté cómo tenía que hacer, más allá del estudio que uno tiene que tener y me dijo que, si bien el estudio te ayuda mucho, te relacionás con gente, ves trabajos de otros, aprendés de las personas que la tienen clara, también tenés que practicar…pero bueno, igual unos meses dejé”.

Como todo artista, siempre hay un in pass, pero “Después me agarraron ganas de nuevo y empecé, con muchas ganas, hasta que me salió algo parecido de una foto revista y ahí comencé a practicar, practicar y practicar hasta que me empezó a salir mejor y mejor. Me vine para acá y dibujaba todo el día. Vino un amigo de Buenos Aires con la idea de hacerse un tatuaje y yo, te digo la verdad, creo que no había escuchado todavía la palabra tatuaje”.

No se puede dejar de contextualizar esta historia, se trata de alrededor de los años 90 y en esa época no se contaba (aquí) con máquinas profesionales. Entonces se recurría a lo casero: “Yo no sé si él (su amigo) había traído armado o qué, pero antes no se usaban máquinas. Se envolvían tres agujas, se ponía tinta china en la tapita y se tatuaba. Yo tuve suerte porque no sabíamos nada y se podía infectar. A mi vieja no le gustaba porque decía que eso era de la cárcel. La cuestión es que le hice un dibujo a mi amigo y, así, a otro amigo, amigas. Vinieron de un barrio, de otro, del centro. Hasta que me fui a Buenos Aires y un amigo de un primo mío tatuaba y sabía hacer las maquinitas con un motorcito de grabador”.

Martín siempre intentó perfeccionarse, hacer ese trabajo lo mejor posible y tuvo su repercusión. “Acá fue un boom porque no habían maquinitas. Entonces, me regalaron unas revistas de tatuaje y yo comencé a copiar todo aquello que hacían en Buenos Aires. Traté de imitar todo lo que había en las revistas. Antes no teníamos internet. Hoy por hoy aprendés a hacer lo que quieras en internet y antes era todo mucho más difícil. La cosa es que comencé a usar guantes y tomar más precauciones. Igual antes siempre hice con agujas distintas, nunca las reutilizaba. Siempre estuve consciente de que podía contagiar alguna enfermedad. En el 95, por ahí, adquirí mi máquina profesional y hasta ahora me sigo perfeccionando”.

¿Con qué insumos cuenta hoy Martín Ortega? “ahora tengo 3 máquinas profesionales (electromagnéticas), cuento con internet, pigmentos vegetales de diferentes colores, agujas francesas de tatuaje descartables, guantes y todas las precauciones que tengo que tener para hacer un trabajo como éste”.

Pero no todo fue así desde el comienzo, no siempre se tenía todo lo necesario para poder trabajar: “Yo hacía los tatuajes a domicilio. Pero ahora tengo un local alejado porque no puedo dedicarme totalmente a esto, no me renta lo necesario y no me da porque los alquileres son muy altos. Entonces, trabajo de otra cosa. Igual todos los días a alguien tatuo. Pero igual no me alcanza porque cobro menos de lo que sale en realidad. Hoy un tatuaje en Buenos Aires, de la misma calidad y de un tamaño más o menos sale 450 pesos o 500 y yo lo cobro 150. No puedo cobrar lo que se debe porque si no, no trabajo”.

Respecto a lo que Martín reflexiona acerca de lo que piensa o siente la gente al hacerse un tatuaje él dice: “Ahora que se tatuó Tinelli es como todo moda, no sé. Yo me pregunto todos los días qué lleva a uno a hacerse un tatuaje… yo no me hago tatuajes a mí me duele. Me hice, pero nunca me los arreglé porque me duele. A la gente le gusta tatuarse… y es eso. Ahora lo que más tatúo, porque me piden, son nombres y letras, en cursiva o con letras chinas. También mariposas, flores, enredaderas. En antebrazos, espalda o en los lugares más vistos. Lo más loco y exótico que hice fue una bicicleta en el labio, en la parte de adentro y en otros lugares íntimos. Pero siempre son mayores de treinta los que buscan tatuarse en esos lugares”.

Encontralo en Facebook como Martin Ortega (Cuchani)

Por Cynthia Malagueño.

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Comentarios

andrea

un grande, cuchani le hizo un tatu a mi hermano en la espalda hermoso, si yo estubira ahi me tatuo con el

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