Por Adrian Vélez

El ámbito económico predominó, y lo político- que estuvo marcado por los cambios en el gabinete y lo que estos podían lograr- fue arrastrado por la devaluación y las enormes contradicciones que ésta llevó a cabo en el nuevo gabinete. La devolución dejó en claro la función de los nuevos encargados de acompañar a la presidenta, que tienen la exclusiva tarea de profundizar y llevar a la práctica los acuerdos que sus predecesores habían realizado.

El primer acuerdo es el que  tiene que ver con la pretrolera Chevron y su inversión en Vaca Muerta, que consiste en la entrega de los recursos petrolíferos nacionales, ya que la empresa será propietaria de gran parte de lo que extraiga, de la misma manera que lo hizo con la Barrick Gold (minera). Estas empresas son las  beneficiadas con la devaluación del peso ya que abarataran sus costos de inversión y son las que piden la liberación del cepo y la libertad para remitir utilidades, es decir, que el gobierno pacta con sus verdugos.

El segundo acuerdo tiene que ver con el viaje del ministro de economía, Axel Kicilloff, a Francia para poder cerrar un acuerdo con el Club de París y, de esta manera, poder estabilizar la relación internacional de la Argentina con el capital financiero. El viaje responde a un viejo pedido del FMI que consiste en cerrar cuentas con los acorredores extranjeros antes de conseguir cualquier otro financiamiento, ya lo hizo con los fondos buitres y anteriormente con la indemnización a Repsol por un pedido de la propia Chevron. La política de desendeudamiento terminó siendo una farsa y el gobierno busca incansablemente seguir endeudandose externamente y seguir pagando esa misma deuda. Tal es así que con el canje de deuda de 2005  la deuda pública fue de  U$S 129.000 millones y para fines de 2014 podría superar los U$S 250.000 millones. La devaluación (ajuste) forma parte de los requisitos del capital financiero internacional para poder prestar. 

El tercer y último aspecto tiene que ver con los acuerdos de precios. Los morenistas acuerdos de precios antes habían fracasado por un devaluación gradual de la moneda nacional y porque los supermercadistas esquivaban el "control de precios del gobierno". Los nuevos seguirán fracasando ya que la devaluación acelerada del 21 liquidó los acuerdos establecidos a pesar de que el gobierno patalee en el atril de conferencias. La devaluación encarece el costo de los productos y reduce el poder de compra de los trabajadores liquidando el salario. 

Enero nos dejó por sobre todo la devaluación y ésta nos remonta a políticas económicas lejanas como el Rodrigazo, nos acerca el fantasma de la hiperinflación del 89´ y de la crisis de 2001. También nos plantea el dilema de quién o quiénes serán los que pagarán la crisis. Ante esto es necesario que los trabajadores formen asambleas de bases y reuniones de delegados  para que impulsen a sus sindicatos y centrales obreras a frenar el ajuste, exigiendo un salario mínimo de $10.000 y ningún despido ni suspensión. Para que la crisis, otra vez, no la paguen los trabajadores.

Adrian Vélez

35.224.058

Villa Ángela

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